jueves, 14 de enero de 2010

El club de los suicidas













El club de los suicidas puede ser catalogado como un Thriller policial gore. Estamos en medio de una ola de suicidios de jóvenes en la ciudad de Tokio. Kuroda, Un inspector de policía intentará resolver el enigma (con pedazos de piel tatuada y un bolso blanco como elementos invariantes en la escena del crimen) El misterio lo llevará a investigar en Internet a un grupo denominado “Club del suicidio”. (Este párrafo puede estar en el dorso de la caja del DVD o en la reseña de los estrenos cinematográficos en algún suplemento de espectáculos de un diario).


Ya desde el inicio del film (en su primera escena) sentimos un frío glacial que nos recorre la nuca, el pinchazo nos hace sobresaltar. Una música apacible de fondo, una cámara distraída en el metro de la ciudad de Tokio muestra a un grupo numeroso de colegialas que bajan por la escalera, intercalándolo con un tren que se acerca desde un túnel oscuro. La escena muestra a parejas con hijos pequeños, trabajadores volviendo a sus hogares, y de nuevo se detiene en lo que parece ser una conversación banal entre un grupo de jóvenes con uniforme escolar, los altoparlantes de la estación anuncian Expreso a Tokyo entrando por la ruta ocho…Por su seguridad por favor permanezca detrás de la línea amarilla. Una larga fila de colegialas parece ignorar el consejo de seguridad, como en un paso de ballet clásico se aproximan al borde del andén. La cámara muestra a los zapatos negros con medias blancas de las adolescentes, de nuevo suena una música apacible, mientras el tren se acerca se toman de la mano, el tren se acerca a toda velocidad tocando bocina y haciendo luces, pero las jóvenes gritando al mismo tiempo el “a la una, a las dos” de los juegos infantiles, mueven juntan sus manos entrelazadas y se arrojan a las vías del metro. Después todo se sumerge en sangre, se oyen los gritos de pánico de los que viajan en el tren y de los que esperan en el andén…un bolso blanco descansa en la escena de la tragedia sobre una mancha de sangre que se expande por el suelo. Este es el acontecimiento que da inicio al film. Nos enteramos mas tarde que 54 estudiantes se arrojan a las vías del metro.
Como dijimos anteriormente, no nos interesa seguir el argumento policial del film (los misterios, la trama detectivesca…), sino los inquietantes escenarios que plantea. La mirada oscura a las sociedades asiáticas del milagro neoliberal.

El virus se propaga y adhiere deseos, se contagia como un bostezo. Un contagio especular, por actos reflejos. Por las teletecnologias y las pantallas de la Web 2.0 sobrevuela el ritornelo de un enunciado inquietante: Suicidarse esta de moda. La ola de suicidios colectivos tiene como protagonistas a los jóvenes. Con los efectos de la sugestión se van encadenando las voluntades. Se despliegan en silencio las ondas sensibles que navegan las películas anímicas de la sociedad. Un grupo de jóvenes están en la terraza de una escuela…parece ser un recreo. Sentados en ronda, de forma banal (una banalidad que nos atemoriza) hablan de los suicidios ¿Y si nos suicidamos todos?, dice entusiasmado el joven de camisa y corbata, Si… contestan alegres los demás, somos el club de los suicidas…Salen corriendo y se paran en fila al borde de la cornisa del edificio escolar…se toman de la mano y saltan… Parecen suicidios lights. En nada se asemejan a la imagen del suicida heroico (aquel que se quita la vida de manera solemne) ni al paso final al abismo sin retorno del depresivo crónico. No estamos viendo la actualización de ritos ancestrales de las culturas orientales como el harakiri...Nada de eso, no son “suicidios reflexivos”.Los adolescentes (así presentados en los noticieros…) se suicidan con la liviandad de una acción cotidiana en las sociedades de consumo contemporáneas. Sus rostros se alegran, parecen divertirse con la idea…si nos detenemos en las escenas previas a los suicidios podría tratarse de un grupo de chicos que se exaltan porque van a concurrir a un Shopping o por que van a comprar un nuevo teléfono celular. Así se quitan la vida. Y esta bien decir que se la quitan, parecen sacarse de encima algo…un peso que quizás no tiene mucho sentido sobrecargar. Se suicidan, se desactivan del mundo espectacular….la vida no parece tener el barniz de lo sacro, la abandonan apretando delete en un teclado. (Empleando quizás la misma energía y los mismos deseos con los que navegan por la red…). Las escenas de los suicidios colectivos muestran la perdida de peso del cuerpo, concebido como un hecho estético, como un objeto de consumo…que puede ser desechado.

          Pero el film de Sion Sono no aplasta estas inquietantes escenas con imperativos morales asfixiantes. Quizás recordando en el tratamiento del “mundo adolescente” a la cámara-no-prejuiciosa de Gus Vant Sant, persigue y retrata estas situaciones sin interponernos la malla ética. O al menos, no de manera agobiante. Sin dudas, la cámara persigue (lo mismo que los detectives que pretenden esclarecer el fenómeno…) y se asombra por estos suicidios sin sentido aparente (o tal vez con un sentido demasiado evidente y cercano… encarnado en la época). Sin este tratamiento moral, la desbaratadora pregunta de ¿Por qué se suicidan los jóvenes? nos empuja a seguir el minuto a minuto del film planteando hipótesis febrilmente …
La escena del suicidio colectivo en la terraza de la escuela también nos deja otro anzuelo de sentido… ¡Que intensidad! exclama extasiado uno de los jóvenes subido a la cornisa, con el viento rozándole el rostro…En ese salto esta la posibilidad de la experiencia. Hay una búsqueda de la experiencia, una recuperación espasmódica (a los golpes) de la sensibilidad corporal, tan capturada en la era híper-mediática, en la era del olvido del cuerpo. Lo que Baudrillard denomina Disimulación Brutal (como las de los terroristas que se inmolan…pareciendo agujerear la espectral sociedad del simulacro). Esta búsqueda abrupta y atropellada de la sensibilidad deviene en una de las patologías adolescentes mas frecuentes en EE.UU. Recuerdo haber leído la patología cutter. Adolescentes que se cortaban las venas y otras partes del cuerpo para ver y tocar su sangre. Para “recuperar” el dolor físico de esas pieles anestesiadas, para agujerear la malla impermeable que crean las maquinas mediáticas sobre la superficie epidérmica. Esa malla que se asemeja a una capa de cera que ya-no reacciona ante el dolor. En las entrevistas con los psiquiatras, los jóvenes norteamericanos decían que se laceraban y se herían para ver si sus cuerpos era reales…Esta búsqueda de la intensidad se conecta con la laxitud, la indiferencia y la soledad de las vidas jóvenes en las sociedades híper confortables. Otro eco se escucha en el film, “Esto es producto del aburrimiento de los jóvenes”. Todo el aparato de especialistas “rehabilitadores” (médicos, psiquiatras, policías, periodistas) se sienten incómodos porque no pueden detectar el origen traumático de los suicidas. Solo vemos en la televisión los efectos reales…esta el síntoma pero no podemos dar con el trauma.
Pero otro de los giros en el guión del film, nos lleva a plantear otras interpretaciones de los suicidios. En un momento de la investigación policial, Kuroda da con un grupo que opera en la red (Internet es el terreno en el que transcurre gran parte de la película) y que se hace llamar “El club de los suicidas”, llegando aquí pareciera que hay un giro hacia la clásica teoría conspirativa (El grupo que manipula y controla a los jóvenes induciéndolos a la muerte…) Sin embargo, este escenario se va a desmantelar nuevamente. Cuando detienen al líder de este clan (un joven con estética posmoderna…flog, andrógino, pelo teñido, piercing…) grita a la cámara de televisión “Soy el Charles Manson de la era de la información”. Se lo nota feliz de aparecer en la pantalla, ese era su cometido; lograr la fama mediática. Acá vemos como opera la lógica espectacular, como se monta sobre los deseos sociales de fama…como la pantalla sujeta y encandila con su magnetismo. Antes habíamos visto al grupo de jóvenes en “la habitación del placer”, un cuarto plagado de cuerpo humanos y animales (vivos en estado de  agonía…) envueltos en bolsas blancas como animales cazados. Y los jóvenes que dan rienda suelta a sus deseos mórbidos y perversos…violando y asesinando a las presas humanas. Todo transcurre en una habitación en penumbras, filmado por una web cam.

Pero también podemos pensar otra lectura para el interrogante. (Ninguna de estas opciones de interpretación es excluyente…todas se sobreimprimen.).
La sociedad de la hiperconexión, de las infinitas redes digitales globales, es soportada por un estado de soledad y de indifencia. En este terreno de conexión digital y desconexión sensible, el suicidio se presenta como la posibilidad de un rito colectivo de unión, de conexión sensible. En la mezcla entre los impulsos electrónicos y las ondas sensibles expansivas del suicidio teen, se encuentra el momento de proliferación y de contagio de una moda. Pero también en el comienzo de estas acciones se puede encontrar la necesidad de una experiencia religiosa. Quizás, los suicidios empiecen como una oportunidad de conectarse en un plano sensible diferente (“Nos suicidamos todos juntos”, la idea de “el club suicida”), y luego eso mismo que comienza como la posibilidad de unirse deviene nuevamente (por la captura mediática y publicitaria) en una moda juvenil que vuelve a desconectar.  La escena inicial con el suicidio colectivo en el metro de Tokyo muestra este momento sagrado. En esta ritualizacion colectiva de la muerte esta presente no solo una fascinación por esta acción (la muerte violenta tiene su carga de erotismo), sino también la creencia de estar conectándose en otro plano. La celebración sagrada; la fila enorme de jóvenes que saltan tomados de la mano, y la noción de juego que parece estar presente… (El juego como la secularización de un rito sagrado…). Pareciera desde esta lectura que no se trata solo de la acción nihilista de un grupo de jóvenes apáticos. Quizás, sí el nihilismo activo de los que quieren destruir un mapa social de sufrimiento e indiferencia. Esto se escucha en las voces en off de un grupo de niños: “Si estamos conectados con los otros no hace falta vivir”, ¿Por qué fuiste indiferente al dolor de los otros? ¿Por qué no lo sentiste como propio? Eres cruel.  Varios suicidios son acompañados por la música de un grupo musical de chicas “las Dessret, el grupo de moda”. Los clips musicales de este grupo están presentes en todo el film, sus canciones y su estética parecen encerrar mensajes subliminales…Un video que no para de rotar…una banda pop-infantil hablando de una nueva sensibilidad… (En la anónima sociedad de la información…). La ubicuidad de la banda pop infantil (seguida por audiencias masivas de jóvenes y adultos) nos habla de una sociedad en donde circulan-en simultáneo- deseos perversos y lógicas infantilizadoras de la sociedad adulta. Como dice el detective Kuroda apuntando al espejo con una pistola., refiriéndose a los jóvenes, Ellos no son los responsables, somos nosotros.

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